martes, 30 de noviembre de 2010

EL DESPERTAR DE LAS BELLAS DURMIENTES

¿Cómo es eso del despertar y cómo fue que se durmió?

No es que se vaya a hablar sobre Aurora, la princesa de “La Bella Durmiente” de Walt Disney, ella tuvo la suerte de dormir sólo durante cien años a la espera de su príncipe azul. No, no es de ella de quien hablaremos. Hablaremos de nosotras, las mujeres, y del despertar que hubo de nosotras mismas como conciencia social.

Inducido por algún tipo de anestésico cultural, la mujer se ha quedado a la sombra de su marido, padre o hermano a lo largo y ancho de la historia.
Hablamos de “anestésico cultural” dado que si entendemos que cualquier ser humano, por el simple hecho de ser un ser humano está sujeto a una cultura – a la cultura en la que se criará y se educará – entendemos pues que: la cultura no la hace uno de los sexos, sino que la hacen los dos juntos.

No sabríamos decir con exactitud en qué momento de la historia la mujer quedó relegada al papel de esposa, amante, madre, esclava… ni tan solo tenía derechos de ciudadanía, pues ya Aristóteles dice de ella que es un ser incompleto y pasivo. Son las ideas de este filósofo las que han dominado a lo largo de toda la Historia, edulcorándose con nuevos añadidos, pues son muchos ya en la Edad Media los que tienen un concepto de la mujer bastante nefasto: la mujer es esclava del hombre, a la mujer le gusta ser violada y que abusen de ella, es un ser que no sirve para nada más que la reproducción, es charlatana y malvada por naturaleza.

Que la mujer asuma con tanta naturalidad durante tantos años ese papel no es porque le venga impuesto a base de amenazas, es una cuestión cultural. Durante muchos años la mujer ha sido educada en una cultura en la cual se la menospreciaba como persona y se la infravaloraba, mientras el hombre vivía en una nube de poder autoimpuesto en el que el orden de las cosas giraba a su alrededor. Sucede en antropología cultural: una cultura se deja dominar por otra porque una se cree superior, mientras la otra asume el papel de cultura inferior ¿por qué no iba a suceder entre ambos sexos, más si tenemos en cuenta que uno de ellos, por naturaleza, es más fuerte que el otro?

El despertar ha sido paulatino. No todas las mujeres se despertaron al mismo tiempo y aún hoy en día quedan algunas con legañas. La labor de las que fueron despertando primero, fue ir dando golpecitos a las que aún quedaban dormidas para que fueran espabilando y así, generación tras generación, ir despertando a ese rebaño de bellas durmientes para que se fueran quitando las legañas de los ojos y pudieran ver el mundo y las posibilidades que éste ofrece.

Una de las primeras en despertar fue Christine de Pisán, quien en los siglos XIV y XV defendió a las mujeres de todas las acusaciones que se hacían sobre ellas. Escribió La Ciudad de las Damas, ciudad que concibió como refugio para todas aquellas damas ilustres, reales o ficticias, y que así pudieran vivir en un lugar hecho por y para las damas. Fue ella quien comenzó la Querelle des femmes, duelo a pluma en mano en el cual por un lado estaban los detractores de la mujer y por el otro los defensores de la misma. Esta Querelle des femmes duró hasta la Revolución Francesa en el s. XVIII, donde las mujeres se autoproclamaron el Tercer Estado del Tercer Estado, escribiendo ellas mismas sus propios Cahiers de doleance (Cuadernos de quejas) y que ellas mismas le llevaron al rey Luís XVI.

Pero no es hasta el siglo XIX con el movimiento sufragista cuando se empieza a hablar de un movimiento feminista en sí, de un despertar global y organizado que comienza en Inglaterra y que se va contagiando poco a poco al resto de los países. Pedir el voto era el comienzo, luego ya se hablaría de conseguir más, pues bastante difícil era ya conseguir el sufragio.



Se dice que una vez que la mujer consiguió el voto en la mayoría de los países, cayó en una especie de siesta, pues conseguido el sufragio poco más se volvió a saber de movimientos feministas hasta mediados del siglo XX en Estados Unidos, donde se dice que el despertar ya fue total, pues aquí no sólo fue un movimiento social, sino que estuvo avalado por detrás con un movimiento filosófico muy extenso (Simone de Beuvoir, Betty Friedan, Michel Foucault, Kate Millet, Judith Butler…) el cual abrió las puertas a diferentes teorías feministas, de género, de identidad, etc. Incluso muchas manifestaciones artísticas del momento asociadas al movimiento feminista beben directamente de las fuentes de estas teorías, desarrollando trabajos artísticos que aún refuerzan lo que la teoría dice.

Las Bellas Durmientes han despertado y son conscientes de qué es lo que quieren, de su cuerpo, de su identidad e incluso de su género, sea o no acorde a su sexo. Las mujeres legañosas que aún quedan por despertar o que sueñan todavía, se aferran muchas a construcciones culturales caducas, pues la cultura es un ente vivo que construimos todos juntos y está claro que está cambiando.

Este artículo fue publicado en la versión on-line de la Revista Vulture el día 24 de Noviembre del 2010.
Enlace al artículo: El despertar de las bellas durmientes

lunes, 29 de noviembre de 2010

Rosa Bonheur

Marie Rosalie Bonheur, más conocida como Rosa Bonheur (Burdeos, 18 de marzo de 1822 – Thomery, 25 de mayo de 1899) fue una reconocida pintora del siglo XIX de escenas de animales.


Rosa Bonheur, La feria de caballos, 1855

Los cuadros de escenas de animales de esta pintora alcanzaron gran fama y la llevaron a ella a disfrutarla en vida, conociendo a grandes personajes del momento como la Reina Victoria o la Emperatriz Eugenia y disfrutando, a su vez, de las exposiciones de sus cuadros.

Para la realización de estas pinturas era necesario que visitara con frecuencia ferias de ganado o ferias de caballos, para las cuales asistía vestida de hombre, pues en aquel momento, en el siglo XIX, existía el concepto que se conoce hoy en día como "esferas separadas". Los espacios públicos eran de uso masculino y la mujer debía mantenerse en el hogar. Estas ferias, a las que sólo asisitían hombres, tenían el acceso prohibido a las mujeres, con lo cual Rosa Bonheur se travestía para poder asistir a ellas.

En la época de Rosa Bonheur, el travestismo era ilegal y para poder ejercerlo debía solicitar un "permiso oficial de travestismo" autorizado por el Estado Francés y firmado por un médico. Este "permiso" debía renovarlo cada seis meses. La existencia de este permiso nos hace pensar que, aunque el travestismo estuviera prohibido, muchas serían las personas que por alguna cuestión (sexual o de necesidad) hacían uso del mismo.

El uso de atuendo masculino acabó convirtiéndose en algo habitual en la pintora, haciendo uso de él hasta en ocasiones en las cuales no necesitaba camuflarse para pasar desapercibida en un grupo de hombres. De hecho, se cuenta que un día que la Emperatriz Eugenia, su mecenas más importante, se presentó de imprevisto en su casa, la artista no dudó en hacerle esperar unos minutos para ponerse un vestido por encima de los pantalones.

Rosa Bonheur compartió parte de su vida con Nathalie Micas, a la que se refería como "mi esposa" y tras la muerte de ésta, compartió sus últimos años con la también pintora Anna Klumpke, a la cual le dejó toda su herencia.

Rosa Bonheur supo llevar con mucha naturalidad su lesbianismo en una época en la cual las "desviaciones sexuales" no estaban nada bien vistas. Por lo que se sabe de ella, debió ser una mujer con una gran personalidad, con las cosas muy claras y así lo plasmó en sus pinturas de animales, las cuales tiene gran brío, fuerza y colorido. Es una pena que mujeres como ella, con pinturas costumbristas tan interesantes, no aparezcan en los libros de Historia del Arte Universal y que debamos recurrir a otro tipo de libros paralelos para poder saber de ellas. Es una pena que la Historia del Arte lleve vidas paralelas: en la que aparecen artistas masculinos hasta mediados del siglo XX donde empiezan a aparecer mujeres y otra vida paralela en la que podemos encontrar artistas como Rosa Bonheur o Vigée-Lebrum. Por un lado lo público y por otro lo privado, como la vida de Rosa Bonheur.


Rosa Bonheur

martes, 23 de noviembre de 2010

Emily Mary Osborn - Nameless and friendless, 1857


Emily Mary Osborn, Nameless and friendless (sin fama ni amistades), 1857

La situación de la mujer artista ha sido siempre bastante complicada. Muchas, hijas de grandes artistas o de padres con facilidad de acceso a los talleres, han podido instruirse como pintoras, pero su evolución en el mundo del arte ha sido más bien nula, inexistente o ha acabado por obviarse. Sirva como ejemplo la artista Vigée-Lebrum, la cual acabó siendo retratista de la realeza y de la corte y la cual no aparece en los libros de Historia del Arte ni tan solo de pasada.

Esta situación de indiferencia por parte de los artistas masculinos, los cuales eran Artistas con "A" mayúscula mientras las mujeres se veían relegadas al ámbito de las artes menores como artesanas o aficionadas, se ve claramente reflejado en el cuadro de Emily Mary Osborn Nameless and friendless (Sin fama ni amistades). fechado en 1857.

Es en pleno siglo XIX cuando alcanza su auge el sistema de esferas separadas. El hombre hace vida social fuera de casa y la mujer se queda dentro del hogar, consolidándose el ideal burgués de la feminidad: el de la mujer modesta y recatada que necesita depender de un hombre que la recluya en el entorno familiar.

Es en esta Inglaterra Victoriana de pleno siglo XIX donde aparecen los primeros libros publicados sobre mujeres artistas, manteniendo eso sí, el sistema de esferas separadas. Ellas por un lado y ellos por otro, con lo cual los libros sólo hablaban de mujeres artistas, no de mujeres y hombres artistas o de artistas en general. Este grupo de mujeres artistas acaba caracterizándose como un grupo homogéneo en virtud de su sexo y radicalmente separado del universo creador de los varones, donde sólo se concebía a la mujer como modelo del artista masculino. Surge, así, la noción de "arte femenino": grácil, delicado y la mayor parte de las veces amateur, limitado al reducto de lo doméstico, frente al ejercicio público del "Arte" con mayúsculas, reservado al sexo masculino.

Esta incomodidad para las mujeres dentro del mundo artístico se refleja claramente en el cuadro de Emily Mary Osborn. En él podemos apreciar a una mujer joven, vestida de luto y acompañada por un muchacho, en la tienda de un marchante con un cuadro y una carpeta de pinturas o dibujos. El dueño del establencimiento examina el cuadro a desgana, mientras los otros dos personajes masculinos dirigen la mirada hacia ella, desviando la mirada de un grabado en el que se intuye las piernas desnudas de una bailarina. Mientras, la dama, fija tímidamente la mirada en el suelo, pues estamos en el s. XIX y aún no es una igual al hombre y mucho menos si es una mujer artista.

Este juego de miradas desprende un mensaje evidente: la mujer no tiene cabida en el mundo del arte más que como piernas de bailarina. Ella no es creadora es objeto de creación. Es deleite visual para el artista y para el observador, que sigue siendo masculino.

viernes, 19 de noviembre de 2010

Faith Ringgold - The flag is bleeding - 1967


Faith Ringgold, The flag is bleeding (la bandera está sangrando) 1967, de la serie American People

Faith Ringgold, artista negra estadounidense de los años 60, vivió la revolución feminista de ese momento desde otro punto de vista, desde el punto de vista de mujer negra artista. Según bell hooks, las manifestaciones feministas del momento solicitaban una igualdad para una clase social concreta: para la mujer blanca de clase media/alta, quedando excluidas las mujeres de otras clases sociales o de otro tipo de etnias.

El Black Movement al que pertenecía Faith Ringgold demandaba, supuestamente, la igualdad para los negros (hombres y mujeres) y a su vez, la igualdad para las mujeres negras, pero esto quedaba muy alejado de la realidad, pues muchas mujeres, queriendo formar parte de este movimiento para intentar reinvindicar sus derechos como mujeres del colectivo negro, quedaron relegadas a ser las secretarias y administrativas de todos los hombres que luchaban por su igualdad, como ya sucedió con anterioridad en el feminismo marxista.

En la obra de Ringgold, The flag is bleeding (la bandera está sangrando), quedan marcados todos los estereotipos del momento. La obra consiste en una bandera estadounidense surcada de rastros de sangre sobre la que podemos identificar tres figuras de cuerpo entero: a la izquierda, un hombre negro tratando de protegerse el hombro ensangrentado con una mano, mientras sostiene un cuchillo en la otra; a la derecha, un hombre blanco contempla impasible al espectador, con los brazos posados enérgicamente sobre las caderas; en el centro una mujer blanca agarra a ambos personajes por el brazo. El traje de corbata del hombre blanco, el vestido a la última de la mujer y el jersey de cuello vuelto del hombre negro nos sitúa en el status social de cada uno. No es difícil reconocer al representante de la egemonía blanca, a la pacifista y/o feminista de clase media/alta y al revolucionario vinculado a los movimientos de lucha por los derechos civiles de los negros.

Esta obra ha sido interpretada en múltiples ocasiones como el reflejo del papel mediador de las mujeres en las luchas raciales de los sesenta: "En este lienzo (...) la mujer cumple una función pacificadora en la batalla racial entre hombres blancos y negros. Vemos a una mujer rubia de aspecto frágil que intenta unir a los dos hombres enfrentados"

Muchas de las mujeres que acabaron formando los colectivos de lucha feminista en Estados Unidos venían de colectivos anti-esclavitarios y por la liberación de los negros, no es de extrañar que sea una mujer de clase media/alta blanca la que intente mediar entre ambos colectivos, aun así muchas mujeres negras no se sintieron identificadas con el feminismo que se practicaba en aquellos años. Es por ello que es interesante hablar de "feminismos" en plural y no en singular, pues no todas las mujeres pertenecen al mismo colectivo, al mismo ámbito social, a la misma cultura, etc.

viernes, 5 de noviembre de 2010

Remdios Varó - 16/12/1908 - 08/12/1963

Y no es porque se apellide "Varó", como yo, por lo que escribo de ella, que por cierto es Varó, con acento en la "o" y no Varo como viene escrito en muchos sitios. No es lo mismo él que el o vaca que baca. Pero dejemos las cuestiones ortográficas de lado; se habla de esta mujer porque es una artista española de fama internacional y creo que está bien de vez en cuando dejar de lado lo que nos viene de fuera para ver qué es lo que había dentro.


Remedios Varó

Nacida en España en 1908 en Angès, Girona, Remedios mostró desde bien pequeña aptitudes e interés por la pintura. Animada por su padre ingresó en 1924 en la Academia de San Fernando, en Madrid, donde conoció al que fue su marido Gerardo Lizárraga, con quien, tras finalizar los estudios marcha a París, volviendo al año para establecerse con su esposo en Barcelona y ejercer de dibujante publicitario.

En 1935 se separa de su esposo y conoce al pintor Esteban Francés, quien la introduce en el círculo surrealista de André Breton. Tras familiarizarse con el surrealismo acaba ingresando en el grupo Logicofobista, que pretendía representar los estados mentales internos del alma. Es en este momento que ella pinta L´Agent Double, anticipando lo que sería su pintura.

En el periodo de la Guerra Civil Española, Remedios Varó, es partidaria del pensamiento republicano y gracias al soperte que presta a los antifascistas conoce al poeta Benjamín Péret, con el que empieza una relación amorosa que la vuelve a llevar a Paris, donde se establecerá hasta la invasión nazi.

En 1941 la pintora y el poeta abandonan Francia y emprenden camino a México, donde se refugian. En 1947 Remedios se separa de Benjamín Péret, quien vuelve a París ya despejado para entonces. Remedios parte para Venezuela embarcada como ilustradora entomológica en una expedición científica y a su vez sigue trabajando como ilustradora para Bayer.

Es en 1949, con su vuelta a México, cuando la pintora conoce al político austríaco Walter Gruen con quien contrae segundas nupcias y con el que permanecerá hasta el final de sus días. Es Gruen quien convence a Remedios para que deje sus labores comerciales y se centre totalemente en la pintura.

En 1955, presenta sus trabajos en público en una exposición colectiva en la galería Diana de la ciudad de México, seguida al año siguiente de una exposición individual.

Durante su estancia en México, conoció personalmente a artistas como Frida Kahlo y Diego Rivera, pero estableció nexos de amistad más fuertes con otros intelectuales en el exilio, en particular con la también pintora Leonora Carrington.

El 8 de Octubre de 1933 fallece en ciudad de México.


Remedios Varó, Cazadora de Astros, 1956


Remedios Varó, Tránsito en espiral, 1962